ENGAÑAR, OFUSCAR, OBEDECER

TODAS LAS COSAS... TODOS LOS LUGARES... TODAS LAS PERSONAS... TIENEN SU FINAL.

domingo 30 de marzo de 2008

Introducción al concepto de la angustia: de Bach a Kierkegaard (I)

El espíritu, soñando, proyecta su propia realidad, pero esta realidad es la nada… En el estado de vigilia aparece la diferencia entre yo mismo y todo lo demás mío; al dormirse, esa diferencia queda suspendida; y soñando, se convierte en una sugerencia de la nada (El concepto de angustia, Sören Kierkegaard, 1844). Partiendo de mi octogésima lectura de Kierkegaard, os pongo fragmentos de una particular investigación que he ido realizando a lo largo del curso.

Contempla la obra de Dios: ¿Quién puede enderezar lo que él ha torcido?, así es como en el Eclesiastés se nos indica la relación del cristianismo con el arte. En el presente trabajo, vamos a trabajar el concepto de angustia que el eje del cristianismo y de cómo es tratada en la obra de Bach. Este músico y compositor alemán que escribió muchas obras de claro contenido cristiano, pero sin embargo otras son consideradas obras sin contenido cristiano erróneamente no tiene porque tener un mensaje directamente bíblico, o tiene que expresar la experiencia de vida y fe del artista.

Es la “caída” tal y como expresa Kierkegaard, la que introduce la “angustia” en el hombre. La angustia será ese medio de salvación que conducirá a la fe, a la verdad que todos confesamos buscar como sentido único de nuestra existencia que, a la par, es engendrada por el horror de la nada, por la impaciencia, por el vértigo. Veremos cómo es interiorizada esta culpa, mediante la angustia, en Bach.

Gott ist mein König

En la época de Bach no era frecuente la publicación de música impresa. En la cantata que nos ocupa, “Gott ist mein König” (número 71, no ordenada cronológicamente), compuesta junto con otras cantatas religiosas entre 1704 y 1744, sí se publicó en vida del autor. Esta obra es el resultado de ciertas disputas con un consejo parroquial, muy puritano, sobre la parte que la música debía prevalecer en los servicios a la Iglesia.


El compositor así pues declara que su música ha de ser exactamente “una música religiosa lo más ligada posible y dedicada por entero a la gloria de Dios”, siendo así un sistematizador infatigable, llevando hasta casi lo extremo la perturbación humana a la perfección de Dios. Su música eclesiástica (la fuga en todos los tonos mayor y menor, la investigación de las peripecias de un simple tema, adecuado a los recursos fugados y canónicos, y el concienzudo estudio de las técnicas del teclado), que aunque no pretendía reemplazar las demás obras litúrgicas, si quería encontrar el modelo de culto de todo el año.

Cantata funeraria

Curiosamente Bach designó con el nombre de Cantata sólo aquellas obras escritas para un único solista vocal. Las escritas para dos voces llevan generalmente el título de Dialogus y las que tienen más voces, Concerto o Motetto. Los historiadores y editores unificaron posteriormente estos títulos bajo el térmi
no genérico de Cantata.

Cantatas


Sus primeras cantatas siguen los modelos establecidos por sus precedesores. En la cantata funeraria Gottes Zeit (Actus Tragicus, nº106) en el que no divide formalmente sus secciones ni emplea el estilo reiterativo y de aria. A partir de 1712, sus obras contienen una intensidad introspectiva y subjetiva, donde aparecen algunas innovaciones estilísticas. Tenemos el caso de Komm du süsse Todestunde (nº161) relata su ferviente deseo de morir por los sufrimientos de Cristo (a través de la cita que hace el órgano de la coral de la Pasión), un alto arioso figura acompañado de una representación de campanas, que tañen en un pizzicato de cuerdas y flautas, etc. Cuando es nombrado organista en 1723, le permite componer cantatas integradas dentro de la liturgia del día para el que estabas escritas. Las corales estaban relacionadas con algún domingo o festividad particular (conectadas con las lecciones del día), el uso de determinada coral ligadaza una cantata a una liturgia.

La cantata dominaba en Bach, en su último periodo, fuere poesía incidental o un incidente bíblico. Su estilo virtuosista fue pronunciado después de 1730, compone cantatas para un solista, para soprano, para contralto, etc. Las cantatas escritas antes de su llegaba a Leipzig eran místicas y angustiosamente subjetivas. En cambio, su obra posterior, se centrará en su reflexión personal sobre la liturgia, destacando un estilo intensamente imaginativo y equilibrado por el sentido de la idoneidad ritual.

Las últimas cantatas están encuadradas generalmente entre una fantasía coral inicial, en alguna de sus múltiples formas, y una simple armonización a cuatro partes, del coral al final. Este mismo deseo de idoneidad impregna la obra orgánica de Bach, como en Orgelbüchlein, esto culminaba su proyecto de crear preludios corales para todos los servicios del año, aunque no fue completado. En sus años en Leipzig acentúa su devoción cristiana y los fundamentos del dogma, en su serie de 18 corales, en las que da dos clases de tratamiento, que corresponden a los catecismos más largo y más corto de la iglesia luterana y los rodea de una profusión de materiales temáticos, ilustrativos que nunca escapan del control del compositor.

DOGMA Y SALVACIÓN CRISTIANA


Las cantatas fueron compuestas para el servicio divino relacionado con las lecturas bíblicas y se dirigía a la comunidad de su momento. Lo extraordinario de la música de Bach es que va más allá de las fronteras religiosas o ideológicas. Ella anuncia la gloria del creador pero también habla de la fragilidad de la angustia existencial, de la muerte y la esperanza. Llama a la reflexión sobre los grandes temas del hombre. Como escribió Helmuth Rilling: "La música de Iglesia de Bach no es ningún cómodo almohadón para descansar". Es una música para la "recreación del espíritu" según el propio Bach. El incentivo para un nuevo orden de reflexión sobre Dios y sobre el hombre y un estímulo para nuestra propia comprensión.

Los estudios han establecido un claro calendario litúrgico siguiendo la denominación usada en la época de Bach, y que todavía se emplea en el culto luterano. Este no difiere mucho de la nomenclatura de la iglesia católica, aunque a veces pueden producirse confusiones. Sabemos que el año litúrgico sigue la vida de Cristo y comienza no con año nuevo, sino con el primer domingo de Adviento (del latín Adventus); esto es, con el primero de los cuatro domingos anteriores a Navidad (Natividad) que preparan la venida de Cristo. Comenzando con este día, el año puede ser dividido en 4 períodos: el primero centrado alrededor de Navidad, el segundo que lleva hacia Pascua; el tercero que va hasta Pentecostés y el cuarto que comprende el resto del año y que en época de Bach se denominaba el período después de Trinidad (Domingo siguiente a Pentecostés).

Con las cantatas se establece el calendario litúrgico, se indican los domingos precisos para los cuales las obras fueron compuestas. Generalmente, existen dos y tres cantatas distintas para un mismo domingo, escritas por el compositor en distintas épocas de creación. En domingos especiales, como Pentecostés o Trinidad, aparecen cuatro o cinco obras diferentes, y en otros sólo una. Por ejemplo, el Domingo Nº 27 después de Trinidad suele darse cada once o más años en el calendario litúrgico. Por esta razón, Bach escribió una sola cantata para este domingo, que es una de las más hermosas, la BWV 140 "Despertad, la voz nos llama".

También aparecen verdaderas sorpresas.

Nos encontramos con varios domingos para los cuales Bach no escribió ninguna cantata. Y esto se debe a las reglas devocionales de la época del compositor, particularmente en Leipzig. Por ejemplo, los períodos de Adviento y Cuaresma, eran considerados de penitencia y recogimiento, y en los servicios de los domingos "no se ejecutaba ninguna música", según una crónica; sólo el órgano "se podía tocar durante los cuatro domingos de Adviento", pero durante la Cuaresma, ni siquiera éste. De todas maneras, el programa radial no se interrumpe. Se aprovechan esos domingos para trasmitir cantatas que no fueron asignadas por Bach a ningún domingo en particular.

El drama de la contemplación

Al igual que Schütz, Bach describió la expresión directa de su propia de y devoción. En La Pasión de San Mateo, el compositor desplaza el halo de tonos de cuerdas que rodea las palabras de Cristo en el grito de la agonía: “
Dios mío, ¿por qué me has abandonado
”, y deja sólo el continuo para apoyarlas. El simbolismo de la obra de Bach es interminable y todo lo llena. El canon y el contrapunto estricto representan, muy a menudo, las normas de la Ley del Antiguo Testamento; la polifonía libre, alude a la gracia redentora del Nuevo Testamento en tanto en mal, está representado por una séptima decreciente y por algunas figuras sinuosas asociadas a la serpiente del Edén.


El misticismo, la riqueza de emoción y la sorprendente belleza de esquema y melodía en la música de Bach, en sus mejores momentos, son una interminable maravilla. Como cualquier otro artista prolífico, Bach no estaba siempre inspirado pero, una cantidad muy notable de su obra, tiene una gracia y belleza arrebatadoras, a la vez que un poder romántico de expresión que jamás han sido superados por ningún otro compositor, ni aún aquellos en cuyos trabajos estas cualidades se observan con más frecuencia.

Kierkegaard proponía ir más allá de una subjetividad pura, se refiere más bien a una verdad tan vívida que es necesariamente vivida. La verdad nace del interior por eso es que verdad, autenticidad y pasión van tan relacionadas y el mismo Sören llega al extremo de decir que: “La fe es un milagro; sin embargo, nadie está excluido, porque aquello en que toda vida humana halla unidad es la pasión y la fe es una pasión”.

sábado 22 de marzo de 2008

May, ¿Quieres ser mi amigo?: Baudelaire y la Soledad terminal (II)

La soledad, a quién me idolatra. Ésta es mi dicha. Uno no sabe lo fascinante que puede ser la Soledad hasta que convive con ella. No me refiero a la soledad temporal -como si de un trabajo temporal se tratase y, en este caso muy mal pagado-, no se trata de cuando una persona rompe con su pareja o tiene un momento de relax pseudomimético. Me refiero a aquella Soledad, la que se agarra a uno, sin poder elegir éste a ella, es un sentimiento permanente, casi tanto como el dolor kantiano, a priori, es una forma de vida que se empodera al sujeto y no dejando ninguna otra posibilidad que la única convivencia con la persona y quizás, con el reflejo que produce en el espejo, si es que tiene la oportunidad de poderse identificar. Es una sensación siniestra y de penumbra. Pero incluso puede llegar a ser fascinante. Examinemos May, ¿quieres ser mi amigo?.

Como decíamos en la primera parte del artículo, entramos en un nuevo estadio humano, una etapa llena de convulsiones y cambios en los modos de vida y el fin del homo faber lo que significa que, ahora, estos impulsos creadores que cada humano forma parte son relevados, mejor dicho, entregados a la nueva forma de existencia regida por el capitalismo. Lo que significa que al ser cedidos estos impulsos en pro de una conciencia colectiva, se sucede una nueva forma de ratio humana, esta palabrota que proviene del latín equivale a lo que conocemos como cálculo o raciocinio (derivada).

Soledad y multitud, términos perfectamente invertibles

Como decía Baudelaire (El spleen de París, ed. Visor, 1998), "El poeta goza de ese incomparable privilegio de poder ser a su antojo él mismo y otros. Al igual que esas almas errantes en busca de un cuerpo, [los que salen a prostituirse socialmente en discotecas y antros de mala muerte, vendiendo su cuerpo pero a diferencia de las prostitutas es que no cobran -más idiotas son pues] puede penetrar a voluntad en el personaje de cada cual. Sólo él halla todo vacante; y si ciertos lugares parecen estarle vedados, es porque a sus ojos no merecen la pena ser visitados". Los corchetes son míos. Toda esta sentencia poética la tenco enmarcada como si fuera mi Biblia. Sinceramente, eso de poder ser uno mismo y a la vez otros nos suena bastante... ya lo comenté en Mulholland Drive o en mi Dramatis personae, la capacidad de sustracción de un individuo para intercambiarse con otra alma o animal es algo que se encuentra dentro del terreno de la psicomagia, de la que hablaremos posteriormente [véase Las enseñanzas de Don Juan: una forma yaqui de conocimiento (Castaneda, 1964), Psicomagia (Jorodowski, 1949), o la filosofía pitagórica de la transmigración de las ánimas que era expuesta brevemente tanto en el Teeteto como en el Fedón (Diálogos, Platón).

En la película, Angela Bettis interpreta un rol muy familiar a los ojos del que expone estas palabras, una soledad muy cruda pero llena de pensamientos y de delirios que rozan entre la mordacidad creativa y lo paranoide de un perturbado insano. May es un personaje delicioso, sacado de un cuento de hadas y adaptado al rol tecnológico que nos es dado. Es Alicia en el país de las tecnologías. Al tener que proveerse en una cultura que funciona básicamente por la adoración a la muerte estéril (unos estudios revelan que un niño de 10 años ya ha llegado a ver cerca de 1.000 muertes a través de la pantalla del televisor), porque eso que sale ni siquiera es muerte. Es esterilidad. Se autoalimenta y se desconecta de la naturaleza.

La muerte es tal vez el acto más natural de todos, dado que no se puede interrumpir, no se puede desconectar (al contrario que los coitos y otras actividad naturales). Es irremediable. Pero vivimos en la sociedad del miedo artificial, esto es, como permanecer conectado a una máquina de respiración artificial, en la que se infunde un terror falso y estéril, en vez de afrontar la muerte como un hecho más de la vida. El libro tibetano de los muertos me viene a la cabeza. En otras culturas, a pesar de tener asumida la muerte de una manera insospechadamente introspectiva, no son culturas dadas a la muerte como la nuestra a pesar de que todo nuestro maquillaje tecnológico parece eludir.

Y el amor es el máximo perjudicado en nuestros lares. ¿Qué quiere decir todo esto? Lo que los hombres dan en llamar amor es ciertamente insignificante, restringido y débil comparado con esa inefable orgía, con esa santa prostitución del alma entregada por entero al imprevisto que acaece. Esta "santa" prostitución nada tiene que ver con la vulgaridad ejercida por un sodomismo masivo que acontece en nuestra sociedad, un auténtico mercado de cuerpos que han sido desprovistos de la sexualidad por el imperativo inverso del capitalismo.

SEXUALIDAD ECONÓMICA

Casi todas nuestras desdichas provienen de no haber sabido quedarnos en nuestra habitación. El primer paso para el respeto a los demás es el respeto a nuestro propio cuerpo. Tarea dificultosa cuando se sucede una instrumentalización de nuestros cuerpos: se rentabiliza el cuerpo humano extrayendo toda su capacidad de trabajo: la cuantifiación de las horas de trabajo, la cuantificación psicológica, las calificaciones en las escuelas, en las universidades, créditos ECTS, etc. Todo esto esconde un propósito: el de reducir la sexualidad del cuerpo a costa de una excesiva culturalización.

Demasiada cultura, mata. Así es. Y en esta película lo vemos claro: la soledad que se enfrenta al modo de existir del colectivo. Veamos, la soledad llega cuando simplemente una persona no quiere irse a esos campos de concentración en masa que son los lugares de ocio y entretenimiento (discotecas, cines) y los que no son (institutos, supermercados, incluso las manifestaciones y los partidismos entre las juventudes, etc.) e incluso si vamos más lejos, las bandas territoriales y juveniles (como esos criminales y asesinos u otros que salen todos los días en los telediarios).

El exceso de cultura causa una alienación en el individuo, ya que depende excesivamente de los colectivos y de las ideologías. En cambio, para el solitario, y en palabras de Baudelaire, es una comunión universal esa soledad. Una comunión con la naturaleza y el mundo ajeno a esta tabla de ajedrez a la que hemos sido sometidos. Demasiado amor, demasiada alma, demasiado pensamiento puebla en el hábitat del solitaire.

Si no tienes un amigo, fabrícatelo

Leyendo a Aristóteles, en concreto, el libro VIII de la Ética Nicomáquea, encuentro dos citas muy interesantes sobre las diversas clases de amistad. “Se dan en todo ello unas diferencias de especie, y tanto nuestros amores, como nuestras amistades, son diferentes. Hay tres clases de amistades, igual que hay tres clases de amabilidades. En cada una de ellas encontramos reciprocidad y amor no secreto. Los que se aman mutuamente quieren el bien los unos de los otros, según la naturaleza de su amor. Los que se aman por la utilidad no se aman por sí mismos, sino con la esperanza de obtener del otro algún bien. Y lo mismo ocurre con los que se aman con vistas al placer; no aman a las gentes de talento por sus cualidades, sino por lo gratas que les resultan”

Otro párrafo interesante: “Así pues los que aman por la utilidad buscan lo que les conviene. Los que aman por el placer [buscan] lo que les es agradable. No aman al amigo porque es él, sino en la medida en que les es útil o agradable. Estas amistades nacen accidentalmente; no aman a su amigo por lo que es, sino porque es capaz de procurarles alguna ventaja o algún placer. Estas amistades son muy frágiles, porque los amigos no siempre permanecen iguales; cuando ya no son útiles ni agradables, dejan de amarse. [...]”

Y no cabe faltar el texto mítico del zoon politicón: Es pues manifiesto que la ciudad es por naturaleza anterior al individuo, pues si el individuo no puede de por sí bastarse a sí mismo, deberá estar con el todo político en la misma relación que las otras partes lo están con su respectivo todo. El que sea incapaz de entrar en esta participación común, o que, a causa de su propia suficiencia, no necesite de ella, no es más parte de la ciudad, sino que es una bestia o un dios". (Política, libro 1,1)

CONTINUARÁ. Reservo el plato fuerte para la tercera parte del artículo.

Unheimlich: Lo siniestro (III)

Tras las últimas reflexiones sobre el Romanticismo y Chillida (pueden acceder a la primera y segunda parte), encuentro un nuevo cariz al mismo tema. La conducción cabe aquello espantable, angustiante, espeluznante, en alemán emplea la palabra “Unheimlich”, que significa en varias acepciones ‘aquello perteneciente a la casa, familia’, ‘animales mansos y domesticados’ o la más importante ‘íntimo, familiar’. Así pues, pasar de lo que ha sido familiar en aquello incomprensible y extraño es la actitud que ya advierte Freud en Lo Siniestro. Escrito en 1919, explica como la familiaridad y el reconocimiento (que en definitiva, son aquellos rostros bellos, reconocibles, doméstico, etc.) ceden al paso de la angustia.

El doble materializa aquello oscuro del ser humano, aquello reprimido. Esta sería la función del doble. Freud estudia la obra de Hoffmann, en particular Los elixires del diablo. Los estudios de Freud, junto con el de Otto Rank, se convertirán en los estudios capitales. El siniestro, también conocido aquí como la izquierda, lo demoníaco o el doble, es el enfrentamiento entre el “ser” heideggeriano –con todos sus Anhelos profundos y a menudo inconfesables y el Deber –aquello que la sociedad quiere-. Así pues, el izquierdo, lo perturbador, se consideraría el depositario de los sentimientos execrables, según los dictados morales o sociales, y que el individuo, y no tiene que asumir la propia responsabilidad, que son atribuibles al Otro.

LA NATURALEZA: ¿AMENAZA O SOPORTE?

Expulsado de su reino, debido a la corrupción del hombre que, en una alegoría parecida al jardín del Edén, éste se consagra en el pecado y en la pseudolibertad (tema que trataremos con Bach y el cristianismo) en la cual se convierte la sociedad capitalista del momento. "Kínesis", de la voz griega clásica, nos indica movimiento, esta clase de movimiento de la cual ya nos hablaba Aristóteles en la teoría hilemórfica, movimiento que iba en contra de todo ideal estático, por lo tanto, entendemos que el origen de la kínesis cinematográfica, o séptimo arte, se bautizó en los exteriores del Edén, concretamente en una serie de aberrantes personajes miembros de los más estrafalarios circos, la genialidad de los cuales se debía a sus atribuciones honradas a Satán. Es la cara inversa de la moneda (lo izquierdo, nuevamente).

Así pues, debemos recurrir a uno de los míos filósofos predilectos, es el caso del existencialista cristiano danés Sören Kierkegaard, que en su profética obra El concepto de la angustia nos revela el panorama decadente de la impaciencia, de la angustia que ha sido engendrada por la nada, es una realidad de la libertad cuando una cosa posible, es decir, la angustia es el vértigo por la libertad, y un medio de salvación que conduce a la fe.

La oscuridad de la ignorancia

Chillida está atrapado en la “unisonancia” de la tierra, se siente atraído por el sonido que produce la “materia” cuando trabaja con ella, no es un sonido real en el sentido empirista, sino lo que el artista pretende oír es una figura simbólica. Es lo contrario que el afán de la ciencia moderna, de acceder a las leyes naturales, que defiende que es el equitativo de conocer las propiedades intrínsecas de la tierra. Esto produce la actitud que tenemos respecto a la tierra y esa divergencia entre lo familiar y lo extraño. Lo mismo que ha ido defendiendo la religión a la hora de divergir entre el bien y el mal.

Podemos ver claramente esta posición en Chillida cuando defiende su contrariedad, su izquierdismo (fuera toda connotación política), a las leyes de Newton.

RELACIONES CON OTROS AUTORES Y CORRIENTES ARTÍSTICAS

Del también gipuzkoano Vicente Ameztoy se ha llevado «Sin título», una obra conocida también como «La familia». El propio Ameztoy había sugerido en más de una ocasión que su pintura alcanzó la plena madurez y un estilo definido en los setenta. En este óleo hay un contraste entre lo familiar y lo extraño, que Freud llamó «lo siniestro», y que en esta obra aparece como un paradigma del surrealismo de Ameztoy.

Francis Bacon es otro gran pintor que ha ejercido una tremenda influencia en los artistas románticos y modernos. Sus cuadros, en los que entremezcla lo familiar con el umbral, pintando autorretratos desproporcionados e inflexibles, manifiesta el pesimismo actual del hombre.

Las imágenes: Vicente Ameztoy Familia, Eduardo Chillida Sin título.

domingo 16 de marzo de 2008

May, ¿Quieres ser mi amigo?: Un estudio del solitaire (I)

Tras los análisis de Mulholland Drive y El fotógrafo del pánico (Peeping Tom) del año pasado, que tan fructíferos fueron, paso a comentar otra estupenda obra cinematográfica perteneciente al movimiento indie May, ¿quieres ser mi amigo? que me encandiló en mis años de excitación y anudamiento sexual (esto es, a los 16 años, una edad fatídica por la naturaleza dado que es una muy dura prueba contra los deleites sexuales y los pensamientos obscenos a todas horas). Y es que, a los 16 años uno debe abandonar su idiotez personal para buscar en su deseo un Otro que nos ceda a unos nuestros impulsos de vida, nuestros deseos sexuales naturales que buscan una forma de ser llevado a cabo.

Aparte del complejo significado de la pulsión sexual que clama un amo al igual que el amo proclama al esclavo ya que sin éste no puede existir como amo, el ser humano se pasa desde que termina su infancia hasta que se muere un objeto de anhelo (generalmente un hombre, o mujer, aunque también hay casos en los que se incluyen una amplia gama de seres vivos como un perro, una vaca, una oveja, etc. u objetos inanimados fetichistas). Todos buscan llenar ese vacío que se obtiene tras obtener el pasaje de "adolescente" y esto, en nuestra cultura, significa superar el Estadio de Edipo, abandonar el lecho o el nido como vulgarmente se dice, pero aquí, y como sabéis, manejo términos psicoanalíticos-mitológicos.

Luego la sexualidad, ese baremo del equilibrio corporal y espiritual, conlleva la identidad. Una identidad estable y perdurable. Pero todo es más complicado que estas sentencias sencillas, sencillas para los hombres primitivos. Pero, desgraciadamente o afortunadamente para algunos, hemos nacido en el segundo milenio y todas las tecnologías. La carne se une con la materia muerta (la tecnología artificial) y de ahí surgen los híbridos, seres totalmente alienados de la vida natural y de su propio cuerpo que se ocultan de la forma corporal para sumirse en una espiral silenciosa y contenida. Ya se ha perdido la bonita costumbre de escribirse cartas (aún yo tuve la oportunidad de escribir cartas a otros niños y comprobar la caligrafía y de sentimos puros), una costumbre muy clásica, o incluso responder a las putas llamadas de teléfono o los ridículos mensajes del programa de mensajería instantánea de internet. Sólo se propaga el comportamiento pasivo-agresivo como única forma de comunicación. Dan ganas de salir de las aulas de la universidad desnudo y chillando. Ya basta.

May. Un estudio intrínseco de un solitaire.

May. Del inglés, significa "poder", indica la posibilidad de realizar un deseo, una voluntad, una intención. Algo puro y universal en todos los seres humanos. Es luego cuando se implican afecciones físicas o emocionales cuando ya empieza la patología... como llegó a decir Kant en "La crítica de la razón pura": una voluntad patológicamente determinada es aquella afectiva, por los sentidos. Pues bien, la protagonista, May (Angela Bettis) siempre ha sido una persona independiente, esto es, solitaire o autista (única forma de tener una vida digna hoy día). May es una joven que tiene un defecto en un ojo lo que le hace sentirse rechazada desde que era una niña. Cuando crece intenta buscar el amor a través de un chico misterioso (Jeremy Sisto, el psicópata bipolar de A dos metros bajo tierra) que trabaja como mecánico de coches y estudiante de cine realizando cortometrajes perturbadores, y su compañera de trabajo (Anna Faris), una lesbiana muy decidida.

A partir de este argumento, se construye una sólida historia muy bien narrada y con un estilo admirablemente poético desmenuzando lo macabro, que recuerda a las películas irónicas de los 80s junto con la rebeldía hippie adolescente de los 60s pero mezclado ahora con el absurdo de la situación social global y la mísera humana que desarrollamos en un mundo cada vez más desconectado tanto de las otras personas como de nosotros mismos. Analizemos:

La proyección psíquica o la fragilidad del espíritu

Al inicio de la película vemos la peculiar infancia de May. Un problema óptico la obliga a permanecer alejada de sus compañeros de clase alertados por la diferencia que radica en su compañera, esto es, que no tiene todas las características que ellos tienen ¿darwinismo social? Basura. Pero muy típico y algo que precisamente he tenido que aguantar a lo largo de mi vida. No sólo este cruel rechazo, explicado en la naturaleza del niño que busca una identidad partiendo de la base de lo que él tiene corresponde con los demás niños o personas humanas (esto es, que un niño que carece de un brazo o en este caso, de un problema visual, tiene inevitablemente una percepción disminuida de su "yo"). Es como mirarse en el espejo y no reconocerse completamente.

La madre, como única solución, la obliga a llevar un parche en el ojo, propio de un pirata, para mayor frustración de la inocente niña que, a pesar de todo, ve el mundo mejor y con más hermosura que aquellos que en sí mismos gozan de una mejor calidad visual. En su noveno cumpleaños, su madre le regala una muñeca confeccionada por ella misma, pero está dentro de una caja de vidrio a la cual la madre no deja abrirla, y por lo tanto, no puede contactar físicamente con el ser humano. Se pierde la tactabilidad, el cariño que se fabrica el ser humano a partir del contacto, algo muy natural y a la par, despreciado.

Döppelganger

El muñeco, y como en numerosas obras literarias del romanticismo, aparecerá como un ente vivo, cuya presencia es compartida por la protagonista. Recuerden la novela de Henry James Otra vuelta de tuerca donde esta dinámica caracterizaba a la niña de la novela. Aquí, el muñeco es un doble de la protagonista, es donde se concentra la fragilidad del alma de MAY, enmarcada en un recipiente de cristal que metaforiza su situación.

Ya vimos en Mulholland Drive como una misma persona podía representarse o empoderar otra persona convirtiéndola en su inversión o ego trascendido, lo que la convertía en su doble. Aquí podemos observar cómo una figura inanimada toma el relevo de la función humana del amor. Una situación tan cruda como habitual. Y es que es prácticamente imposible no encontrarse en una situación así cuando la dinámica de las relaciones humanas del siglo XXI se fundamentan en los goces individualistas, en los placeres narcisistas.

Por el amor de Dios: llamadas de teléfono que no se devuelven, correos electrónicos que no se contestan, conversaciones que en principio iban encaminadas a ser un diálogo pero que terminan en una irremediable monología que ironiza y parodia la situación del hablante al no ser escuchado ni mucho menos comprendido por el Otro. No hay escucha, nadie escucha, y es el primer paso para ser comprendido. Por lo tanto, aumenta la soledad. Una soledad económica. ¿Qué quiere decir esta palabrota? La palabrota soledad económica martiriza aún más la triste vida del solitaire condenado a una vida aventurosa caracterizada por la ausencia de personajes más allá del protagonista y de sus desdoblamientos de personalidad, una aventura de la psique o mundana pero cuya máxima aspiración es terminar muriendo en una habitación llena de gatos que terminan por devorar al amo, y bien hace, al menos la persona devorada se sentiría realizada al saber que al menos puede alimentar a otros seres vivos con sus trozos de carne.

Por muy perturbador que signifique esto, es muy sencillo, en una sociedad cuantificada, esto es, que funciona en base al cálculo matemático de la vida humana con putas estadísticas o con sombríos proyectos humanos de vamos a abrazarnos todos que la vida es superchachimegaguay hay una realidad cruenta detrás de todo: se des-sexualizan los cuerpos para obtener beneficios (de trabajo, de orden maquiavélico social, etc.), quiere decir que se desprestigia el sentimiento y el cuerpo a través de dos formas muy calculadas:

- La incomunicación y el puro interés de cada individuo (todo aquel listado que he introducido antes).
- La sexualización masificada.

Quien comprenda el segundo término es un genio. Lo explicaré en la segunda parte de este artículo que llegará la semana que viene. De momento aconsejo a los lectores apreciados que busquen esta película y la vean con tranquilidad y con soledad para completar el lujo.

Chillida (II): El Romanticismo y los valores espirituales del hazmereír

Romanticismo: una trasladación de los valores espirituales

Es en el Romanticismo donde encontramos esta absoluta vertiente siniestra, después de los avances de Kant y su interrupción a la historia humana con “La crítica de la razón pura” y “La crítica de la razón práctica”, se pone en cuestión todo el supuesto progreso humano y el avance del conocimiento. Al fin y al cabo, con la razón se puede obtener la respuesta a todo, es un método, un sistema arquitectónico para hacer ciencia, una ciencia alejada del conocimiento ordinario.

La respuesta de Chillida: Un ataque contra la ortodoxia. La derecha, lo diestro, es siempre la asimilación a las doctrinas, a los dogmas, que propugnan lo correcto, aquello que ha de ser llevado a cabo por todos los hombres, y así era con el proyecto kantiano de la razón trascendental. La izquierda, en cambio, representa aquello que “cohabita” con el diablo, es decir, el mal. De hecho, en el medievo, debido a la mitología cristiana, se asociaba al “diestro”, es decir, la persona que escribía con la mano izquierda, como un poseído por el demonio. De nuevo, la lucha entre el bien y el mal, entre lo cuerdo y lo perturbador, lo familiar y lo desconocido.

La mayor de las inquietudes de un individuo moderno, rodeando en el mundo en crisis (la respuesta filosófica gira en torno a los acontecimientos del Renacimiento que trajeron al giro radical que supusieron la cultura griega frente la modernización), es la preservación de la identidad. Una cosa, que en principio parecería obvio, se convierte en un asunto muy roto y enrevesado y que trae a la locura. Es el caso que las personas necesitamos concentrarnos en un determinado grupo de gente, un colectivo con unas identificaciones concretas, la asunción de una identidad frente a las otras, el individualismo, es una compulsión. El que sale fuera de la ortodoxia, es decir, en lo recto, lo derecho, se asocia a la aberración (del latín, “aber”(lejos) y “ratione” (razón)), aquello que escapa a la razón. Y la naturaleza escapa a la razón, que intenta subyugarla a ella. El encapsulamiento de Descartes se convierte en un obstáculo ante la vida. Obstáculo que denuncia Chillida mediante sus obras.

Una compulsión de afiliarse a cualquier cosa que nos sentimos acuerdo con nuestro ideal-de-yo o de una imagen aprehendida en nuestra infancia, como bien diría el psicoanálisis, o desde el punto de vista de la psicología cognitivo-conductual, debido a la adquisición de una identidad social, una identidad de grupo. La mano izquierda representaría esa lucha contra el grupo, como contraposición a la derecha (el dogma). Así pues, en Chillida nos encontramos esa lucha, en defensa de la naturaleza, que ha sido apartada del hombre. Los orígenes de esto podríamos situarlo en el nacimiento de un humano, después de dar a luz, el niño recibe ese choque contra el mundo, ese grito representa la vivencia de la ruptura fundamental que Chillida compartirá con Heidegger: es un abrirse al mundo, pero también es un cerrarse. Está claro que el estudio de Freud “Lo siniestro” respeto a este perturbador tema se basa en la mitología griega sobre el desdoblamiento de personalidad así como el romanticismo alemán y las figuras claves de Fiodor Dostoievski y Edgar Allan Poe.

Los ojos de otro: “Salir de uno mismo

Por eso son el ir y el volver. El salir de uno mismo es positivo. Salir muchas veces, las que haga falta, de uno mismo, para ver lo que pasa desde otro sitio y poder juzgar lo que uno es desde fuera. Eso sería buenísimo de hacer también. Hacer trasvases de población, ayudar a la gente a viajar y a poder volver a ver su propia tierra con los ojos que tienen los que vienen de fuera. Sería buenísimo para el mundo. Es en esta declaración de alienación, “Salir de uno mismo”, que tal y como expresa el propio artista, es el resultado de huir de lo que nos es familiar, dado que caemos presas de los propios instrumentos, en este caso, los ojos.

Podemos poner el ejemplo de una escalera que se encuentra en una biblioteca: Su función, alcanzar un libro que se encuentra en un estante muy alto. No la contemplamos, confiamos en la utilidad en la que encontramos en ella, como recurso familiar, es decir, pasamos por alto que en esa escalera hay más que esa funcionalidad, hay un contexto: hemos de mirar los peldaños, atenernos a ellos. Sin ellos, no podríamos alcanzar la altura. Esta metáfora va encaminada a denunciar ese ligamiento frágil del ser humano a aquello que es familiar, en vez de ir más allá, sin miedo, a unir los fenómenos que nuestra razón, instrumental, había dejado de lado según sus diferentes directrices funcionales.

Luego nos sorprendemos de que la gente vaya por ahí apalizando a los extranjeros (literalmente, los desconocidos, los que habitan fuera, como si fueran aliens) y lo que atrae al morbo de nuestra razón instrumental (ver el reciente caso del metro de Barcelona) o los mismos compatriotas (pero cuya personalidad es lo suficientemente excéntrica como para justificar sus ataques). Como se puede ver, todo arte, y en el caso de Chillida lo vemos claramente, denuncia todo aquellas barbaridades que el ser humano comete sin darse cuenta. Evidentemente, nuestra razón es limitada y no podemos examinar cada error que cometemos cada día, se trata pues, de mirar más allá de la razón y ascender a esa trascendentalidad que defienden los artistas, tomando como eje, la filosofía. Esto es lo que ya anunció Segismundo Freud en el advenimiento de la tecnología después de la guerra y las revoluciones industriales.

“UNHEIMLICH”

Tras las últimas reflexiones, este trabajo encuentra un nuevo cariz al mismo tema. La conducción cabe aquello espantable, angustiante, espeluznante, en alemán emplea la palabra “Unheimlich”, que significa en varias acepciones ‘aquello perteneciente a la casa, familia’, ‘animales mansos y domesticados’ o la más importante ‘íntimo, familiar’. Así pues, pasar de lo que ha sido familiar en aquello incomprensible y extraño es la actitud que ya advierte Freud en “Lo Siniestro”. Escrito en 1919, explica como la familiaridad y el reconocimiento (que en definitiva, son aquellos rostros bellos, reconocibles, doméstico, etc.) ceden al paso de la angustia.

El doble materializa aquello oscuro del ser humano, aquello reprimido. Esta sería la función del doble. Freud estudia la obra de Hoffmann, en particular “Los elixires del diablo”. Los estudios de Freud, junto con el de Otto Rank, se convertirán en los estudios capitales. El siniestro, también conocido aquí como la izquierda, lo demoníaco o el doble, es el enfrentamiento entre el “ser” heideggeriano – con todos sus Anhelos profundos y a menudo inconfesables y el Deber –aquello que la sociedad quiere-. Así pues, el izquierdo, lo perturbador, se consideraría el depositario de los sentimientos execrables, según los dictados morales o sociales, y que el individuo, y no tiene que asumir la propia responsabilidad, que son atribuibles al Otro.